Fotógrafo lucha por continuar vigente.

Cientos de recuerdos plasmados por su cámara dan parte de su trabajo.

Fotógrafo lucha por continuar vigente.

Con 83 años de edad, 8 hijos, 4 hijas, 65 nietos y algunos biznietos en su haber, Antonio Alberto Martínez Martínez, quien es originario del municipio de Temascalcingo, platicó que el no es fotógrafo de oficio, si no que los azares del destino lo llevaron a ganarse la vida por medio de la fotografía en espacios públicos.

El retratista inicio con una mulita de cartón, formada de una estructura de madera, que en sus inicios era un caballito normal y tradicional de monta para niños, sin embargo, la competencia y monotonía le llevaron a pintarlo a representación de una cebra, misma que hasta ahora, en palabras de Don Antonio, le ha dado toda la suerte y ganancias para poder obtener su sustento
diario.

Detalla que, de joven viajó por distintos estados de país, trabajando en muchos oficios, pero la construcción fue de sus principales ocupaciones.

Entre 10 y 15 pesos cobraba por foto, retrataba de a lo menos 20 personas por jornada, aunque también corría peligro por la delincuencia que estaba ya entonces en las inmediaciones de la terminal de observatorio.

Cuanta que a sus hijos no les agrada su trabajo, pues además de que la telefonía celular le ha venido a afectar.

Cuenta que inició con una cámara mamilla, pero casi de inmediato compro una cámara de fotos instantánea “Polaroid”, explica que le gusto mucho el deporte y aprovecho para tomar un sinfín de imágenes para sus amigos, algunos le pagaban algo y otro no, pero eso le dio oportunidad para incursionar  algunas en realizar fotos en eventos sociales.

Una primera vez me contrato una señora para tomarle unas fotos en una fiesta, “la verdad no sabia como cobrarle” pero nos entendimos y entre que le cobraba tanto y después descontarle dos pesos por mayoreo, me pago bien y pues así seguí metiéndome en la foto, en tono sonriente platicaba Alberto.

Después se dedicó a trabajar en distintos lugares, como la Basílica de Guadalupe, en algunos le fue bien y en otros tuvo diferencias con otros fotógrafos y autoridades, así que la opción fue cambiar de lugar de trabajo, así llego a la terminal de Observatorio, en la ciudad de México, donde por un tiempo todo fue viento en popa, hasta que varias veces le quitaron su caballo y le advirtieron que si una vez más lo detenían le quitarían todo, era tiempo de salir, afirmo.

Así llegue a la plaza central de Atlacomulco, ahí trabajaba un señor, ya más viejito que yo,
“refiere”, pero le pedí permiso para poder trabajar, -me dijo, si, no hay problema, el sol sale para todos, a mi me piden fotos a color, pero no tengo.

Explica Alberto que el viejito, tenía una cámara antigua, “de esas grandes y que tardaba en tomar la foto”, yo con mi Polaroid, rápido me hice de clientes, al poco tiempo el otro fotógrafo en paz descanse, dejo de ir, pues ya no tenía trabajo.

 

Pero como me estaba yendo super bien, hasta que unos vecinos se compraron su cámara y me fueron a preguntar de como se trabajaba y todo, después se me  amontonaron y como ellos teníanmuchas cosas, chalecos, caballos, bancos y otras cosas, pues me toco salir de nuevo, así que me fui para mi pueblo, pues soy indígena mazahua y pues nadie me compraba fotos, pero les explique y me gane la confianza de mis vecinos del pueblo, me fue super bien pero después llegaron los otros, ganándome terreno con sus equipos más modernos, así que ahora estoy aquí en Tlalpujahua, a veces llega a venir algún otro fotógrafo, pero como no hay mucho trabajo se van y yo aquí sigo, hoy por ejemplo, “estoy feliz” porque solo he tomado tres fotos y ya tengo para comer
y para regresar a casa, asentó Antonio Alberto Martínez Martínez con una gran mirada mientras guardaba en una pequeña maleta su cámara e impresora para continuar a envolver en una cobija y costal su cebra que atesora.

El fotógrafo Alberto, nos compartió un pequeño bosquejo de su historia, una de tantas que se esconden en cada rincón de nuestro México mágico.

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