Repunta este año la producción de macetas en Temascalzingo.

oficio que se recupera de desaparecer.

Repunta este año la producción de macetas en Temascalzingo.

La comunidad de Santiago Coachochitlán, pertenece al municipio de Temascalzingo se vive de la producción de macetas de barro y en otras regiones viven de la ganadería y de hacer artículos con palma y hechura de cazuelas de barro, como Santa María Canchesa.

Más de 500 artesanos del barrio de Santiago realizan macetas, la gran mayoría de talleres familiares se asientan en el centro, otros más, trabajan retocando y pintando las macetas para regresarlas a los mayoristas o incluso transportarlas a otros estados como Puebla, Querétaro, Pachuca, Oaxaca o algunos más.

Este trabajo ya estaba por desaparecer, explica Carlos Javier, uno de los dueños de un taller de producción de macetas que, por cuestiones que los mismos pobladores desconocen, la demanda de sus artículos dedicados a la decoración de jardines e interiores ha tenido una demanda que ha generado un repunte en el último año, incluso permitiéndoles recuperar ganancias perdidas e invertir más que en otros años.
La gran demanda ha llevado a explotar el yacimiento de barro utilizado por la comunidad bajo las normas de los usos y costumbres por los que se rigen.
Como pare del prosceso Carlos detalla que el barro después de extraerse del banco de barro, se tritura, se muele y hace polvo, ya sea de manera artesanal golpeándole con troncos, pizones o más industrializado, con molinos eléctricos o a gasolina, depende de los recursos del taller, las macetas se forma en dos partes, por medio de un mes el que ya tiene grabado el relieve de flores o figuras que darán un toque más atractivo para los clientes.
Una vez que las dos partes se tienen, se desmoldan para unirlas con barro y dejar lisas las uniones, después se dejan secar por varios días a manera de que no se fracturen por el fuerte sol y aire, “de esta manera serán de mala calidad, se romperán y será perdida de inversión”, una vez que ya están secas, se apilan dentro de un horno de tabique a manera de que entre ellas corra una corriente de calor para cocerlas al parejo, ya acomodadas, se tapan con algunas tejas de barro a manera de que casi quede sellado en su totalidad, para que no se genere humo y este las haga negras y no cosa parejo, como debe ser.
Ya pasadas al menos 4 horas de cocción, se destapan, se espera enfríen un poco y se pasan al patio de almacenamiento, donde esperan para pasar a pintar con tonos vistosos y quedar listas para ponerse a la venta en distintos negocios locales, muchos de ellos asentados sobre la carretera principal de Santiago.
“Este trabajo no es fácil, requiere de mucho tiempo y las faenas son a pleno rayo de sol, pero los que quedamos y no vamos a los Estados Unidos, estamos luchando porque las tradiciones no se pierdan.” Resalta Carlos Javier.

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