SIN TLACHIQUEROS NO HAY PULQUE

Bebida prehispánica que gustada entre generaciones

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SIN TLACHIQUEROS NO HAY PULQUE.

 

Por: Jaime Arriaga

Es medio día y el sol en todo lo alto en una tarde de marzo, previa al equinoccio de primavera, mantenemos el aliento agitado, mientras subimos la cuesta del cerro en la ruta del tlachiquero, en la cosecha del agua miel.

Desde los 16 años de edad, Benito de la Luz Clavel, quién es originario de Calixtlahuaca, en el Municipio de Toluca, se comenzó a involucrar en el oficio del tlachiqueo, impulsado por su tío, de quien adquirió todos los conocimientos del raspado del maguey.  

La palabra tlahchiqui proviene del náhuatl y significa “raspar una cosa”, y Tlachiquero, es la persona encargada de raspar el maguey para extraer aguamiel, fermentarlo y convertirlo en pulque.

Mientras recorremos la “ruta del tlachiqueo” que Benito ya ha marcado al paso del tiempo, tanto para la recolección de la aguamiel, como para supervisar el avance de las plantas que ya tiene previstas para ser capadas próximamente y mantener recolectados un determinado número de litros y así la constante producción de un pulque de excelente calidad.

“En cerca del 90% del territorio nacional se encuentra el maguey, para la producción del pulque hay una gran variedad de subespecies como: El chalqueño, mexicano, blanco, pinto, chino, prieto y algunos más, a los cuales les lleva un periodo de maduración de entre los 6 y 12 años, dependiendo de la sub especie, terreno y clima, pasado el tiempo, las plantas estarán listas para ser capadas, propicio para poder “raspar” dos veces al día, una casi durante la madrugada y otro pasado el mediodía y recolectar la aguamiel que son las lágrimas dulces que saca el maguey.” 

Durante la faena acompañados por los perros que se suman a la recolecta, pasamos entre la zona de pirámides de Calixtlauaca, nos seguimos adentrando a la zona de magueyes que cubre buena parte del cerro del Tenismo, donde se asentaron los Matlatzincos y hoy se encuentra, vestigios de parte de la historia y orígenes de la ciudad de Toluca.

El Tlachiquero Benito de la Luz, extrae con un cocote hecho por él mismo con una botella plástica de refresco y parte de una manguera, explica que esta herramienta le da mejor desempeño y durabilidad, que en caso de caerse o golpearse no se rompe, como en el caso del tradicional cocote “una cáscara de calabaza alargada con un par de hoyos en cada extremo.”   

Después de cada extracción, de la Luz, procede a raspar ligeramente las paredes del hueco creado en el corazón del maguey, para permitir una salida más óptima de la aguamiel de los poros del corazón del maguey y ser recolectada en próxima visita, después lo tapa con una piedra y coloca otras más encima para que los hurones, no le gane la miel, ya que a veces las piedras son removidas por este animalito del campo.

En un descanso, Benito comenta que entes de dedicar 100% su tiempo a la raspa de maguey y producción del pulque, trabajaba como guardia de seguridad, también puso un carrito de hamburguesas y no le fue nada bien, ahora con la enseñanza que le dejo de herencia su tío, día tras día recorre el sendero del tlachiquero para seguir dando a sus clientes un pulque de la mejor calidad, “digno de los mejores que hayas probado”, comenta que incluso hay dentro de su lista de clientes, panaderos, productores de tradicional “pan de pulque” quienes han visto en su producto, una materia prima excepcional para así ellos ofrecer a su vez a sus clientes un pan de primera.

Con una ligera llovizna, terminamos parte del recorrido con Benito, quién continua su cosecha de aguamiel, agradeciéndole el que compartiera detalles de su oficio con nosotros, por supuesto que nos invitó a su negocio, pulquería de la Luz, ubicada en la calle de los Ángeles #23, en calixtlahuaca, a degustar un fresco y tradicional pulque, extraído del cerro del Tenismo, pero esa… será otra historia que contar en los viajes para ilustrar y conocer parte de las grandezas de nuestro México. 

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